Esta es una pareja de calentones que todo el tiempo estan ideando maneras de follar nuevas, para mantener el calor de una pareja extremadamente caliente. La yegua de Tanya Tate, que es la rubia de rojo, y el tio Chris Strokes sumados a esta pendeja jovencita de 18 años recien cumplidos y que promete que puede hacerse conocida en el mundo del porno... cuando tenga experiencia.
Me desperté esa mañana sintiendo unos dedos que recorrían de un modo casi imperceptible el contorno de mis caderas.
-Buen día chiquita- dijo Martín.
-Hola- mi voz todavía sufría los efectos del sueño.
-¿Cómo estás?- me preguntó sin dejar un segundo de acariciarme.
-Bien- le dije intentando fijar la vista para captar la expresión de su rostro. Se veía tranquilo, un poco pensativo, casi como aliviado. Cuando sus ojos se encontraron con los míos me miró con una profundidad que no entendí y sonrió apenas.
-Quiero decirte algo- me dijo.
-Mmmm ¿si?- le pregunte mientras estiraba mi cuerpo intentando quitarme algo de la modorra que mantenía mis músculos flácidos.
-No quiero que me interpretes mal- hablaba de un modo tan suave y controlado que por momentos no parecía el mismo Martín que había conocido hacia cuatro meses.
-Yo sé que tuve una reacción horrible cuando me contaste sobre tus historias anteriores. Estuve pensando mucho sobre todo eso en estos días que no nos vimos- hablaba y su mano recorría mi piel desnuda de un modo tan dulce y natural, que no tenía nada de sexual.
-Al principio había decidido que no quería estar más con vos. Que no podía aguantar saber lo trolita que eras.
Dijo trolita de un modo tan dulce que me dio gracia y se me escapó una sonrisa.
-Pero fueron pasando los días y no podía dejar de pensar en tu carita, en tu sonrisa, en tu voz. Nunca con nadie tuve las charlas absurdas he inacabables que tengo con vos. Nunca nadie desafío mi mente de la manera que lo haces. No me importa nada de lo que hallas sido o hallas hecho te necesito. Te quiero mía.
-Yo también te necesito- dije mientras estiraba mi mano para apoyar los dedos sobre sus labios. Los besó por unos segundos y fue dejando que invadieran su boca mordisqueándolos. Su mano que continuaba acariciando mi cadera bajo por mi espalda palpando mi trasero. Y suave pero firme me arrastró a él. Mientras con esa mano sostenía fuerte mis nalgas con la otra agarró mi mentón y mirándome a los ojos me dijo.
-No quiero que nunca dejes de ser lo putita rica que sos, quiero que seas mi putita siempre. Que disfrutes al máximo, que quieras siempre más. Porque siempre te voy a dar más.
Estiré mi cuello buscando su boca. Pero sostuvo mi rostro mientras alejaba el suyo. Me miró fijo.
-Prometeme que te vas a olvidar de mi reacción estúpida. Prometeme que nunca te vas a inhibir conmigo.
-Te lo prometo.
-¿Te vas a dejar llevar? ¿Vas a ser mi trolita?
-Si- le dije y sentía esa charla casi como un compromiso podía sentir que él también prometía algo.
-Vas a tener todo lo que necesitas- dijo casi como si firmara un contrato. Y me besó. Mi boca lo recibió, lo abrazó, lo empapó. Mi cuerpo intuitivamente se frotó contra el suyo buscando su sexo pero el volvió a alejarme.
-Esperá- me dijo, serio- quiero pedirte perdón. No quería asustarte anoche.
Yo simplemente sonreí, no supe que decirle, no podía afirmar que había sentido miedo. Me sentí paralizada si, pero no asustada y no sé porque extraño motivo esa parálisis, ese control total de él sobre mi, me excitó más. Lo conocía lo suficiente como para saber que no me haría daño, que todo era un juego. De todas formas prefería callar.
-Esta todo bien, no me asusté- redije.
Me abrazó fuerte.
-Te quiero chiquita.
-Yo también- me acurruqué en su pecho y olvidé el sexo, solo me dediqué a sentir la calidez de su abrazo. Me sentí segura, como hacía tiempo no me sentía. Mientras me abrazaba una de sus manos acariciaba mi pelo.
-No quiero que tengas miedo nunca- dijo, y sentí una lágrima caer en mi mejilla. Algo había cambiado en el para siempre.
|