Brooke Van Buren es esta jovencita de edad apenas legal para hacerporno, y en este video ella entiende que podría manejar las tareas del cuidado de los niños de Mandy y Talon durante todo el día, pero una vez que sus deberes han terminado ella consigue seducir a la pareja para quedarse y compartir la cama con ellos. Mandy se pone tan caliente pensando como seria que esta joven putita de 18 años de edad le lamiera el coño. Talon ciertamente no tiene ningun inconvenienteen que su esposase calientecn esta niñera hermosa, muy caliente. Esto deja a todos satisfechos haciendo tremendo trío y en estevideo podras oir los tremendos gemidos que los orgasmos reales provocan en estas dos mujeres y este afortunado padre de familia.
Estuvimos así enredados uno en el otro un rato largo sin decir nada, regalándonos besos dulces y caricias suaves.
-¿De quién es esta casa Martín?- le pregunté.
-Nuestra
Me incorporé y lo miré.
-¿Nuestra?- mi corazón estaba detenido.
-Bueno, no es para obligarte a que te vengas conmigo, pero si para que tengamos un lugar para nosotros.
-Y…- yo no entendía nada- ¿de dónde salio esta casa?
-Se la alquilé a un compañero de trabajo.
-Y… ¿vas a vivir acá?
-Si, ¿te gusta?
-Si, me gusta.
-Bueno mejor. Porque quiero que sientas la libertad de venir y quedarte siempre que quieras.
Le sonreí, por mi mente desfilaron mil ideas, pero todas me llevaban a la misma conclusión, Martín había decidido aceptar que me quería. Y quería intentar algo en serio conmigo. Yo me sentía abrumada y completamente seducida por su impulsivo acto de compromiso.
Martín trabajaba en una empresa que se encargaba de la producción de eventos culturales. Su vida giraba en torno a músicos, artistas de todas clases y mucha gente. Pasaba de estar en vueltas durante todo el día a tener días en los que solo se dedicaba a estar en su casa y navegar por Internet buscando ideas de nuevos eventos. Fue en uno de esos eventos donde nos conocimos. Yo daba mis primeros pasos como artista plástica y junto con un grupo de amigas fimos contratadas para armar una exposición en uno de los grandes salones. Martín era quien se encargaba de conseguir todo lo que necesitábamos para levantar nuestra exposición y yo había sido designada por mi grupo para mediar entre el grupo y el. Creo que en determinado momento huía cuando me veía, porque las cosas que le pedía eran las más inesperadas he incluso ridículas. Pero también lo descubrí sonriéndose de mi cara de pollito con puchero cuando tenía que pedirle cosas demasiado chistosas o imposibles de conseguir.
Fue en la fiesta de inauguración cuando el cansancio de días de poco dormir y las copitas del brindis me pusieron en un particular estado alegre, el humor que más sexy me deja, no precisamente por accesible sino por despiadada. Mi humor ácido y mi sarcasmo son las mejores armas de guerra cuando quiero seducir. Y por lo visto el alcohol genera un microclima en mi que eleva el poder de esas armas a niveles que no logro controlar. y estaba bailando con mis amigas festejando el fin del trabajo cuando me choqué con Martín. No se fue. Se quedó bailando con nosotras el resto de la noche.
Cuando terminó la fiesta se ofreció para acompañarme. Caminamos ocho cuadras hablando de nada, todos los temas se evaporaban en silencios incómodos. Hasta que de un solo empujón me arrinconó contra una pared y me dio un beso que me arrancó el aliento. El primero de muchos besos. El camino que comúnmente hubiéremos hecho en 30 minutos nos llevó 2 horas. Esa noche no lo dejé entrar en casa. Se fue odiándome porque ni me pidió el teléfono, ni mencionó la idea de volver a vernos.
Pero de algún modo averiguó mi teléfono y me llamó el fin de semana siguiente. Nos convertimos en una pareja basada en la pasión y los conflictos. El se negaba al compromiso, no compartía cosas de su cotidianidad conmigo y tampoco le interesaba formar parte de mis cosas cotidianas. Nada de eso había importado mucho hasta que empezamos a sentirnos afectivamente comprometidos. Ese fue su quiebre, descubrir que quería algo más conmigo. Primero actuó huyendo, convenciéndose que no era para él. Pero la misma distancia le mostró que no podía renunciar a mí. Algo mío despertaba y alimentaba un sentimiento en el que no quería perder. Nuestras actividades en común ayudaron a que no me perdiera de vista del todo, a lo lejos pudo percibir mi tristeza por ya no estar con él.
Descubrirse tan conmovido por mi, descubrirme tan apagada por no tenerlo, le dio los motivos suficientes para dar el paso fundamental. Y quiso darlo de un modo firme, decidido. Uso todas las herramientas que supo a mi me llegarían hasta el fondo, el misterio, la fuerza, la seducción mezcla entre agresiva y sutil. Apostó todo a ese acto intenso a ese encuentro de fuerzas, decidió mostrarme que podía contenerme y arrastrarme al placer de un modo que yo no había experimentado y que el podría darme en caso de que aceptara jugar. Así que ahora estaba yo en este apartamento escuchando como el hombre que me había despreciado por creerme demasiado atorranta para ser parte de su vida, me pedía que me convirtiera en Su puta. Había quedado grabada en mi cuerpo la sensación del orgasmo que me generó el declararme a mi misma con un grito, ¡Soy tu puta! Y bastaba traerlo a mi memoria para sentir como la piel se me erizaba y una sensación helada recorría mi espina. Algo me decía que ese encuentro marcado por la intensidad de las palabras, por su voz firme casi autoritaria, exigiéndome una nueva postura, casi un rol específico en el acto, no sería una situación aislada. Sentí que era una especie de inauguración. Que su juego apenas había empezado. Que su declaración de compromiso y sus lágrimas a la hora de pedirme que forme parte de su vida, no eran más que piezas que movía en su tablero. Yo era el Rey en su juego y estaba en Jaque.
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